jueves 25 de diciembre de 2008

Aparición 2 (La Navidad)

"Apareció de repente".
Eso me dijo un chico esta madrugada, cuando buscaba algún comercio abierto para comprar cigarrillos con los que soportar la digestión de tanta comida y tanta conversación familiar.
Un tanto sorprendido le pregunté de qué me estaba hablando, pero no me respondió; en cambio se acercaron tres personas más, que debían ser sus amigos.
-Vimos a Papá Noel- dijo la única mujer del grupo. La miré con desconfianza, a punto de de poner alguna excusa y seguir caminando, pero ella hablaba muy seriamente y los otros tres lo confirmaban asintiendo con la cabeza.
-¿Alguien tiene un cigarro?- pregunté yo. La chica tomó uno, me ofreció la cajilla empezada, me dijo que me la quedara y comenzó a contarme la historia.
“Estábamos sentados los cuatro en el cordón de la vereda, cuando de repente apareció desde la esquina un trineo rojo, tirado por un caballo adornado con unos cuernos de cartón. Lo primero que pensamos fue que se trataba de un clasificador con un exceso de espíritu navideño, pero se detuvo frente a nosotros y bajó de su carro, o trineo, no se que era eso.”
“Llevaba una bolsa colgada al hombro que apoyó en el medio de la calle, y empezó a reírse como el mismísimo Papá Noel, con el famoso “Ho ho ho”, mientras sacaba de su bolsa cinco paquetitos, nos entregó uno a cada uno de nosotros, y nos dijo que el quinto era para alguien que lo iba a reclamar.”
-El quinto paquetito era una caja de cigarros, vos la reclamaste así que es tuya. Perdoná que la hayamos abierto pero nos ganó la curiosidad, y está empezada porque yo no tenía más y fumé algunos.

Me quedé parado en el lugar, observando la caja de cigarrillos. Los cuatro ya estaban caminando de nuevo y yo les daba la espalda cuando sentí la voz de la chica que me decía: “Mirá que el almacén está cerrado”. Me di vuelta para agradecerle por el aviso y por los cigarros, pero ya no estaban. En su lugar estaba Papá Noel, que me guiñaba un ojo antes de subirse a su trineo y gritar al caballo disfrazado de reno para que se ponga en marcha.

viernes 5 de diciembre de 2008

Aparición

Apareció de repente, en un momento indefinido de la tarde. Nadie supo precisarlo con exactitud, y cuando todos estaban comentando por lo bajo la rareza de esa presencia, desapareció de la misma forma que llegó: sin que nadie se diera cuenta.
Ese extraño acontecimiento generó una gran incomodidad entre todos los empleados que trabajaban en esa oficina. Mal humor, miradas desconfiadas y excesiva falta de paciencia al momento de atender al público, fueron la nota principal del día.
Al día siguiente el clima no era tan tenso; al pasar tres o cuatro días desde que vieron a ese extraño personaje reinaba la curiosidad, hasta surgió alguna extraña hipótesis sobre quién o qué era.
Luego de una semana a alguien se le ocurrió dibujarlo, y este dibujo causó gran desconcierto entre todos los que lo habían visto. Es que recién ahora se daban cuenta de que nadie había visto lo mismo.
"Tenía las orejas más largas"
"¿Qué orejas? No tenía orejas"
"Te olvidaste del sombrero"
"No llevaba sombrero, tenía un moño rojo en el pelo, y el hocico era más corto"
"¿Hocico? ¿Orejas largas? Parece que estuvieran hablando de un animal, lo que yo vi era un hombre, y muy elegante además"

Luego de esa extraña discusión, el tema fue quedando de lado y poco a poco fueron olvidando al extraño personaje.
Yo no hubiera rescatado esta historia del olvido, si no fuera porque últimamente están apareciendo nuevos testimonios que aseguran haber vivido una experiencia similar. Cuando haya investigado un poco más profundamente esas nuevas apariciones de este personaje, voy a seguir compartiendo la información.

jueves 6 de noviembre de 2008

Domingo

Un tímido sol otoñal se colaba por los vidrios, dibujando extraños paisajes en las cenizas de la estufa. Reinaba la calma, y la ausencia de sonidos silenciaba a su vez, las almas de todos. Cada segundo transcurría exactamente igual al anterior, y al siguiente, en una interminable y aburridísima rutina.
Un perro se levantó y estiró sus patas delanteras mientras bostezaba, giró un par de veces sobre sí mismo y volvió a echarse; alguien dijo algo, pero su voz se perdió en la quietud del ambiente, como si el aire fuese incapaz de transmitir las vibraciones del sonido.
Pedro decidió salir, antes de ser devorado por esa monstruosa quietud, pero la calle también parecía haber sido tomada por asalto. En el momento que cruzó la puerta el sol se ocultó detrás de una nube, la ciudad se oscureció de pronto. La radio de algún vecino gritaba un gol, pero éste grito también se perdía en la espesura del espacio.
Comenzaba a aumentar la temperatura, hacía calor y Pedro empezaba a confundir qué era su piel y qué era transpiración.
La radio se apagó, el silencio llegó entonces a un nivel más alto, ahora prácticamente se podía tocar con las manos. Moverse se tornó imposible, el calor se materializó en amarras. Clavado en la vereda Pedro escuchaba, intentando descubrir algún indicio de vida, algo que le mostrara que el mundo aún existía. Pero nada, ya no había gente en las calles, ni voces que se perdieran en el aire, ni radios gritando goles, ni perros durmiendo, ni sol que dibujara. Solo oscuridad, quietud y silencio. Y calor, mucho calor.
De pronto, una suave brisa comenzó a desatar las cuerdas. La brisa se transformó en viento y el viento trajo un relámpago, luego otro y por fin el trueno.
Llovía.
La tristeza de ese domingo había contagiado al mundo.

Llueven pingüinos

Siempre me gustó la expresión "Caen pingüinos de punta", utilizada para decir que llueve mucho. A mi me surge esa frase cuando la lluvia además de ser abundante, jode. Y pienso que los textos que iré subiendo a este blog (entradas, posts, o como más les guste llamarlos, yo me voy a referir a ellos como "pingüinasos") son algo asi, una lluvia de ideas que más que nada van a molestar.

De cualquier forma, tenía ganas de poder compartir estos pingüinasos con alguien que no fuera algun familiar (siempre te dicen que lo que haces está buenísimo) o algún amigo (los mios siempre se me cagan de risa en la cara antes de leer lo que les quiero mostrar).

No tengo la intención de hacerme llamar escritor, ser escritor es un oficio y yo simplemente hago esto como un pasatiempo. Algunas de las cosas que leerán no son más que los desvaríos de un joven alcoholizado, y otras (las menos) ni siquiera se como calificarlas.

Con estas breves palabras, queda inaugurado este blog, espero que alguien algún día lo visite, y si tiene ganas comente algo.
Hasta la próxima lluvia.